En medio de la desolación, la calma, la paciencia.

Cierto eco circunda el aire que me suele llamar y me atraviesa el cuerpo como daga

y me transforma el alma en auxilio y lamento.

Porque la presencia de tus manos, acaricia mi penumbra…y sólo el respiro, puede contemplarme entera entre tu cielo.

 

 En el cielo, una nube blanca y pomposa asoma su belleza. Sutil se ve entre un campo completamente celeste. Su textura de conejo y algodón se luce al verse junto al sol  y las estrellas. La solitaria nube no teme ser la única, tampoco quiere estar con nadie ni para conversar. Se mueve de un lado al otro, juega por el espacio y desconcierta con sus movimientos a algunos que no entienden por qué se gira y da brincos tapando y destapando al sol. No saben que esta feliz, y que por eso corre por el cielo para expandir su alegría.

Me ilumina su misterio. Me distrae. Esa presunta forma de pensar. Ese silencio.

Me cautiva, me emociona, me recuerda. Es un paraíso eterno, que disfraza su interés en medio de negaciones. Indiferente, suelto, libre de toda culpa y estilo. Se encadena a mi corazón y me despierta con un beso.

Es un hombre sencillo, suelto, que camina encorbado, que no es conciente de su altura hasta que se pone derecho. Es un poco solitario, a veces prefiere que no lo moleste. Otras, prefiere callarse para no “agobiarme”.  (Yo espero que me moleste).

El está relajado, siempre. No es tranquilo, siempre tiene algo que lo inquieta y lo moviliza. Está siempre haciendo algo, tiene manos inquietas. No me mira mucho a decir verdad, pero siempre siento que lo hace sin verme. El me cuida, me ama, me dice  cosas lindas (yo siempre le pido más), no es de adular. (Yo espero que lo haga). Y cuando lo hace entiendo que no es porque no quiera, no le sale, el es así.

Su corazón y su cabeza no tienen mayores inquietudes. No estudia, no lee libros. Escucha música siempre, adora los juegos, sea lo que sean. Valora mucho lo que tiene, no por el dinero, sino porque todo, siempre, le costó mucho esfuerzo. Pasó frío, vivió con sus padres separados. Tiene una pecera gigante que cuida celosamente, colecciona películas, adora el cine, desayuna café y un cigarrillo.

No habla demasiado, tiene un humor particular. Aunque su sentido de humor es amplio, absurdo, básico y pensado. Es un tipo que necesita afecto, pero jamás lo va a pedir, su orgullo dice, es lo primero. (Yo espero algún día encontrar el mío despierto).

Somos distintos, de edad, de inquietudes, de tiempo. Somos también parecidos, nos completamos las frases, nos reímos de lo mismo, nos conmueven algunas cosas que creemos “simples”. Nos gustamos, nos besamos, nos queremos. Amamos al otro, mucho. Peleamos también, él se enoja conmigo, yo con el (pero menos).

Somos felices principalmente. En lo distinto, en lo similar, en lo mismo.

La libertad de los sueños viaja en un barco cercano pero de difícil acceso. No tiene precio, no hay un número que condicione las vacantes, no hay restricción en las edades y no tiene distinción de clases sociales. El barco está cerca, ofrece liberades en océanos infinitos. De lo único que depende la estadía en él es la actitud.

La mentalidad con la que podamos pensar y pensarnos. El vuelo del alma es un trampolín al barco. El alejamiento de los prejuicios, de la maldad hacia lo desconocido, o hacia lo que detestamos. La actitud con la que querramos vivir, vernos sonrientes, positivos, llenos de ganas, -(de lo que sea)-, pero llenos. Apasionados, enteros, felices. ¿es tán difícil olvidarnos de esto?, ¿se puede?. Yo no puedo. Yo estoy en barco, hace poco, pero estoy.

Y aunque quieran deprimirme, fastidiarme, agobiarme de presiones y absurdos… Sigo viajando en “la primera” de mis sueños, en mis jets privados de avionetas violetas, en un velero de cartón amarillo, con miles de poemas y emociones. Y aquí estaré siempre.

¿Qué se le puede pedir al mar? eso mismo es lo que debemos sentir cada vez que nos miremos “enteros”, “completos”.

La mirada se concentra en el presente. La piel está aclamando un nuevo despertar. Los ojos se enmudecen, entienden que algo está mal en el aire aún como para aparecer. No se espera nada, no se dice nada, se espera. La sonrisa del cuerpo desespera. Quiere florecer una nueva alegría, algo que compartir, que nos de placer a los dos. Una hoja de un libro, una ruta de escritura o quizás un abrazo. El tiempo contestará los paréntesis, las dudas seguiran su curiosidad. Aquí estoy, aquí y ahora.

  • El desdén de los ojos de aquel hombre, le marcaba las pulsaciones del corazón. Su caminata poco disimulaba su estremecimiento. Los ojos del caballero se depositaron en sus caderas, en la contorsión perfecta que ejercían al caminar. El sexo del hombre despertó en un oportuno latir. La caminata de esa mujer lo enloquecía, aún con los nervios que delataba. Un suave vestido de seda blanco cubría un hombro y un poco sus rodillas. Aquella figura tímida y sensual lo excitaban. En el precipicio del pantalón que vestía acontecían extrañas verdades. La mujer, ya no podía controlar su mirada, sabía que quería, sabía que tendría. Fue entonces cuando aproximó la mano a su entrepierna y arremetió. Un beso sin calma, con estremecimiento y saliva, sacudió los labios de la señorita, que mucho menor que el caballero, lo absorbió entre su lengua.

Puedo ver tu lluvia acercándose

La lluvia se une entre las tormentas

La fiebre se hace un llanto pálido y terrenal.


Los ojos nunca se cierran,

La garganta se ahoga hasta morir dentro mío

Trago amargo que me traga, de nuevo.

Suelo… ¡tragame de una vez!

Las sombras se bifurcan,

Gris es la ropa del cielo, es gris la ropa que me lleva a mí.


Hay un minuto de calma

Un minuto de dolor

Y mil minutos de ESE ÚNICO AMOR.


El tiempo me es atemporal

Los sonidos se dispersan en llamas resonantes

La música no me habla como antes, hoy, se lamenta conmigo.

Las formas se están volviendo a encontrar abstractas,

¿Cómo será la noche?

¿Cómo serán los días que siguen?

Y, entonces, ¿cómo será la vida después?

Miles de preguntas que sólo vos podes responder

Y a la mañana siguiente, un paraíso no me despierta

Mi futuro pensamiento me sabrá contener

Pero la verdadera contención la olí con vos y con tu sangre: mi roja debilidad.

Luces justas

Chispazos amarillos naufragan mis sentidos íntimos.

Mis pupilas se mueven, como el reloj,

Mis pensamientos están convirtiéndose

Mis manos aclaman tu existencia, perpetua, perpetua moral de querer tenerte

Siempre la adrenalina del tiempo es pasajera,

Lo que hoy conduce, está por caer.

Los sentidos se abren a la realidad verdadera

¿Puedo aprender a callar?

¿Puedo aprender a vivir?

Me es difícil compartir el amor como un juego.

Arcos

Arcos y rombos corriendo tras las luces.

Sinapsis.

Sueños exteriores

Sueños que vuelven a ser chispazos.

Calma

Adrenalina

Un dolor no deja de cegarme

La alegría de tenerte es la tristeza de extrañarte

Y para conformarme, espero que solo seas mío.

Vuelven a chocar mis sentidos

Vuelven a rozarte las telas de mi amor

Vuelve como el reloj, a retroceder la vida, mientras pasas los días que viví con vos.

Una de las doctrinas de la mente es impulsar al deseo a la máxima pulsión. Nosotros, humanos y siempre primitivos, lo bloqueamos con la “razón de la lógica” o la “lógica de la razón”

Lógica necesaria, pero jamás llega a convencerme.

Los deseos jamás se miden ni rigen por la lógica; al contrario. Un mandato terrenal que nace desde el diafragma y en un segundo lugar se aproxima al habla, impulsa el deseo, su manifiesto, su sentir. El camino que recorre la lógica es un procedimiento similar, pero de desigual desenlace. Se conducen entonces, micropasos que evidencian tedio, y no sólo eso, sino la falta absoluta de practicidad, que aunque parezca mentira: viene con la lógica.

Por eso, y para siempre, la lógica será mi segundo recurso a la hora de pensar, sentir, actuar y ser.

¿y como fracasa a memoria cuando se descarta la pócima del amor?


El hueco de mi pecho se entreabre entre mis labios, que, fugazmente, te sienten inmóviles en mi boca.


El delirio, la locura de mi cuerpo comienza a contemplar la danza como un modo exacto y perpetuo del movimiento de mi alma. Y hay una expresión uniforme en mis dedos y en mis pies que me convierten en música.

El río sangra y calma las plegarias. La puesta del sol apresura madrugadas. El deseo de tenerte se volvió un recuerdo. La noche atolondrada, espera estrellarse en vos otra vez. El silencio de tu sombra se hace ocre entre mi piel. La muerte espera el final de la vida para aparecer.

02-NILL-La ciudad en blanco y negro~0

El amor no es de color amarillo. Las percianas de la aurora buzean en tu espíritu. El fuego del amor te sorprende hasta un lunes. La mediocridad de la sociedad se manifiesta en casa paso, en cada avenida de Buenos Aires. El olor de tu ausencia se parece a un grito cercano en el oído. Tarda en llegar, siempre, pero al final: hay recompensas.

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